Poesía en un peep show de Madrid

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Poesía en un peep show de Madrid

Irene escribe poesía y trabaja en un peep show en Madrid. Hablamos con ella sobre la relación entre su poesía y bailar desnuda enfrente de extraños.

Cuando me enteré de la existencia de los peep shows todavía era un niño y me parecían algo totalmente inexplicable y misterioso. Recuerdo la primera vez que entré en uno y la manera en que me palpitaba el corazón. Desde el principio me fascinó ese juego de cristales, como en un laberinto de espejos; la imposibilidad de una comunicación real convertida en espectáculo.

Me moría de ganas de retratar lo bello y decadente de aquel lugar, de conocerlo desde dentro y romper los cristales, al menos de forma simbólica, y entender en profundidad las transacciones emocionales que se producen en un peep show.

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Años después, una amiga me puso en contacto con Irene cuando descubrió nuestros intereses y aspiraciones comunes en relación con el deseo de crear un porno diferente, con profundidad. Más tarde Irene entró a trabajar como stripper en un peep show y parecía que estaba escrito que, tarde o temprano, tendríamos que hacer una colaboración en ese espacio.

Esto comenzó a materializarse cuando leí un poema sobre su trabajo ahí, confinada entre cristales. Me pareció demasiado bueno e intenso, y una parte de mí se veía reflejado en él. Le dije que necesitaba fotografiar eso, que teníamos que hacer una colaboración con su poema y mis fotos. Era algo casi necesario, y finalmente Irene decidió abrirme las puertas a ese "mundo fantástico".

VICE: Si pudieras elegir, ¿qué porno te gustaría producir?
Irene: Cuando empecé a trabajar en el mundo del sexo estaba interesada en dirigir pornografía, pero lo cierto es que tras haber estado aquí he perdido el interés en ello, probablemente por sobresaturación. Tengo escrito un guión para una película. Si dirigiera pornografía me gustaría que fuera algo como lo que se hacía en los años setenta, una película con argumento y con diálogos interesantes, que hiciera pensar aparte de excitar. Digamos que sería más como una película normal pero con escenas de sexo explícito real.

Háblanos sobre tu poesía, la relación entre tu trabajo y lo que amas del arte.
¿Mi poesía en general? No creo que mi poesía tenga nada que ver con este trabajo. He escrito poesía en todas las circunstancias de mi vida. La relación de este trabajo en particular con mi arte es casi nula. No creo en esa visión romántica de que el arte florece en ambientes decadentes y turbios. Es cierto que esta experiencia ha despertado en mí sensaciones que desconocía y me ha enfrentado con algunos de mis miedos más profundos, lo cual siempre es caldo de cultivo para crear. En todo caso, si tuviese que destacar lo más relevante que me ha aportado este trabajo en relación con mi proyecto artístico es aprender más sobre la mente y actitud de las personas, y también haber desarrollado más confianza en mí misma.

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¿Cuáles eran tus motivaciones a la hora de entrar a trabajar ahí?
Empecé a trabajar en el peep porque no encontraba trabajo, aunque es algo que me había planteado años antes junto con una amiga, cuando empezamos a ir juntas a clases de pole dance. Siendo sincera, siempre me han atraído este tipo de ambientes; sentía una enorme curiosidad. También me lo planteé como un reto, ya que soy una persona tímida y con muchos complejos físicos, y siempre me ha gustado hacer cosas que me dan miedo. Alguien dijo que las cosas que nos dan miedo son deseos camuflados… Creo que lo que más te hace crecer son los miedos superados. En ese aspecto me siento satisfecha y es cierto que este trabajo ha aumentado mucho mi autoestima, además de que he perdido la vergüenza para casi todo.

¿Qué sientes cuando estás en el escenario o en un privado?
Al principio era excitante, porque era algo nuevo y fuera de los límites de lo socialmente aceptado. Con el tiempo se ha vuelto rutinario como cualquier otra cosa, y es aburrido. Siempre me ha sorprendido la capacidad de adaptación de los seres humanos, la capacidad de normalizar hasta las cosas más extremas o raras. Con el tiempo uno se acostumbra a todo, a la violencia, al sexo; trabajar en un supermercado puede llegar a ser lo mismo que trabajar de puta o en un matadero. En un año de trabajo puedo contar con los dedos de una mano las veces que me he excitado sexualmente. Por lo general es algo cansino, entre cómico y triste.

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¿Alguna experiencia con clientes que quieras compartir?
Las veces que he sentido repugnancia ha sido por los olores. En este trabajo he descubierto que la mayor parte de la gente huele mal. Cuando llega algún cliente que huele rico, dan ganas de decirle te quiero. Algo que me sorprende, y que he comentado con mis compañeras, es darme cuenta de lo rápido que elimino de mi memoria las experiencias con los clientes. Es algo casi instantáneo: termino el privado, me despido del cliente y a la media hora ya no recuerdo su cara. Al final del día incluso me cuesta recordar cuántos privados hice y cómo. Lo curioso es que a muchas de mis compañeras les pasa lo mismo. Para evitar este tipo de "olvido selectivo en pos de la salud mental", como me gusta llamarlo, una de mis compañeras y mejor amiga, Cristina, empezó a llevar un diario donde anota sus clientes y sus peculiaridades.

¿Qué opinas ahora sobre los hombres en general?
Lo cierto es que mi opinión sobre el género masculino se ha devaluado. Acabas viéndolos un poco como primates, jalándosela y babeando como animales en celo. Te das cuenta de que los hombres son seres dominados por instintos primarios, básicamente el sexo. En la calle es igual, solo que más enmascarado. No quiero decir con esto que los hombres sean más malos que las mujeres, pero sí considero que son más rudimentarios. Es como si un hombre fuera una pandereta y una mujer un violín; creo que tenemos un rango emocional más amplio. Hormonal y físicamente me siento atraída hacia los hombres, no puedo evitarlo, pero mentalmente me enamoro de mujeres. Este trabajo me ha hecho apreciar más el género femenino. He conocido a grandes mujeres y a hombres minúsculos.

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Tienes pareja, ¿cómo es su relación?
Este trabajo, a pesar de lo que podría esperarse, ha fortalecido el vínculo con mi pareja. En un momento dado decidí ser sincera con él y contarle la verdad sobre lo que hacemos en un privado y mis tanteos con el mundo de la prostitución. Obviamente fue un shock para él, pero más que sentirse engañado se sintió herido en su virilidad. Respetó mi decisión, me expresó su dolor y humillación pero me dijo que en ningún caso su amor por mi había disminuido. Y que no iba a renunciar a mí porque en esta etapa de mi vida estuviera haciendo esto. Su actitud comprensiva y valiente me hizo quererlo más. En ningún momento he dejado de amarlo por hacer lo que hago. Al contrario, me ha hecho apreciar más lo que tengo. He escuchado historias de hombres casados que desprecian a sus mujeres o por las que ya no se sienten atraídos y a las que prefieren engañar por comodidad o costumbre antes que encarar la soledad y la verdad. Historias de hombres solos que no reciben cariño de nadie, historias de mis compañeras de trabajo, verdaderas diosas en lo físico y en lo interno, que a pesar de ello son ninguneadas e infravaloradas por sus parejas. Todo esto me ha hecho valorar el vínculo con mi pareja y sentirme afortunada por amar y ser amada dentro de un contexto de sinceridad y respeto.

El poema de Irene:

Sí, es un mundo fantástico.

Me despojo de ropa y preparo la siembra de los placeres
con la mecánica sencilla y despreocupada del que compra el pan o se cepilla los dientes.

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Me calzo de derrota.
Ahora puedo bailar sobre los huesos de todos mis amores muertos
Arrojar mi risa como una granada
abrir las piernas
y la boca
- perra hambrienta del tránsito promiscuo de dinero y apariencias
experta ingeniera de la maniobra lúbrica.

Mírame.
Hay un nido de espejos húmedos entre mis muslos.
Tócate.
Soy lo que quieres que sea.
Fóllame.
Te quiero.

Aquí

en el centro del giro febril
núcleo centrífugo del mercado primitivo
amar es tintineo de monedas
y aprendí a venerar el sexo metálico de las prostitutas
y sus corazas tiernas.

La trampa es demasiado confortable
y la mentira, de tan obvia y lúdica,
cual tela de araña
a veces logra cazar la verdad.

En una mano
el cuchillo
en otra
la rosa.

Dentro de mi jaula de neón y cristal
el tiempo se disuelve en esperma y visión.
Ante la imagen multiplicada de mi coño
y cientos de polvos imaginarios derramándose sobre mí
fui reina y esclava,
virgen y puta,
todas y nadie.

Sí, es un mundo fantástico.
Una pausa obtusa
rota de vínculo y destino
donde macera el éxtasis triste y alegre de lo nulo.